
Esta bizarra idea no es tan original, y la verdad que con las calidades actuales de la mayoría de las cámaras integradas, más allá de la resolución, no creo que el beneficio sea mucho más que algún efecto divertido para pasar el rato.
Es complicado o imposible instalarlo en los teléfonos occidentales que traen buenas cámaras (o al menos que sacan fotos nítidas), como el N90 (por el formato), el N70 (por la tapa) o el W800 (por el espejo que rodea el lente), aunque seguro que en Japón algo hay, y mercado sobra.
Cada uno de los lentes cuesta unos 7000 Yens, algo así como 57 dólares.

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